El 3% restante es agua dulces, dos tercios no son accesibles porque se trata de zonas poco pobladas o glaciares. Solamente el 1% del agua dulce existente está al servicio de la vida de los seres humanos y la mayoría se encuentra en la faldas acuíferas, el resto en los ríos y en los lagos.
El agua dulce del planeta se está utilizando en la agricultura, y representa el 70% de la recogida total del agua dulce del mundo. También están las actividades industriales con el 20% y finalmente están los usos domésticos con el 10%. Según la OMC, la cantidad de agua potable necesaria para uso doméstico es de 50 litros diarios por persona. La ausencia de agua potable, tanto en la cantidad indicada como en la calidad, es el origen de enfermedades que causan la muerte a 30.000 personas al día. 1.200 millones de personas no tienen acceso a agua potable, 2.400 millones de personas carecen de sistemas sanitarios y más de 3.000 millones no tienen un sistema de tratamiento de aguas fecales.
El agua es vida, incluso, en muchas tradiciones espirituales y religiosas es sagrada. El agua es un elemento esencial para la vida tanto en el ámbito individual como colectivo. Se trata de una necesidad ligada a la vida misma que no puede ser sustituida por otro elemento.
Pese a esto, el agua no ha sido hasta ahora reconocido como un derecho humano en ninguna Declaración Universal o Internacional de derechos Humanos, ni en ningún Tratado Internacional. La diferencia entre derecho y necesidad es importante. Decir que el acceso al agua es un derecho significa reconocer que es una responsabilidad de todos incluyendo la autoridades públicas, ya que deben movilizar todos los recursos, incluidos los financieros, que sean necesarios para mantener dicho derecho.
Afirmar que el acceso del agua es una necesidad vital no conlleva ninguna responsabilidad colectiva. Pertenece a cada individuo conseguir los medios para satisfacer sus necesidades, ya que éstas varían según los individuos, y cada uno es libre de determinar sus necesidades y de satisfacerlas tal y como desea.
El hecho de haber identificado el desarrollo de un país con el crecimiento continuo de la producción y del consumo ha llevado a nuestras sociedades a ser incapaces de llevar a cabo las modificaciones estructurales necesarias del sistema. El imperativo del crecimiento, en un contexto de acentuada competitividad en los mercados mundiales entre las empresas y los estados es una lógica de conquista y de guerras comerciales, financieras y tecnológicas por la supervivencia de los mejores, ha conducido a un uso desconsiderado y derrochador de los recursos naturales del planeta, particularmente del agua.
Un ejemplo de ello es California (EEUU), se trata de una región desértica donde se registra un consumo de agua diario de 4.000 litros, el más elevado del mundo, debido al mantenimiento de los jardines privados, y de las 560.000 piscinas sobre una población de 28 millones de habitantes. Esto dio lugar a la construcción de 40 pantanos entre los montes de Nevada. El consumo diario de Estados Unidos es de 600 litros, mientras que en Europa está alrededor de 200 litros.
En los países en vías de desarrollo, una de las razones más influyentes para la privatización del agua ha sido la política de condicionalidad aplicada por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre los países que necesitan un préstamo. Las dos instituciones han condicionado la concesión del préstamo a la liberalización y la privatización del sector.
En los países desarrollados la privatización del agua ha tomado medidas más extremas a las llevadas a cabo en los países en vías de desarrollo, también dirigidas por el BM y el FMI. El argumento usado por parte del poder público para justificar la privatización del agua es la financiación, dado que distribuir agua de alta calidad conforme a los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) no puede asegurarse por las administraciones públicas y en particular las locales, ya que el sector privado puede disponer de este tipo de recursos.
Después de observar las actuales tendencias mercantilistas cabe hacer unas reflexiones:
Considerando que el agua es una fuente esencial e indispensable de vida para todos, una política de agua es sobre todo una política de derecho a la vida de los seres humanos. Los mecanismos de mercado son en este sentido insuficientes e inadecuados para gestionar el derecho y el objetivo de vivir en sociedad.
Los mecanismos de mercado pueden operar cuando se trata de un bien o de un servicio que se puede apropiar y consumir a título exclusivo y excluyente, y este no es el caso del agua.
No es cierto que si hay un coste este deba ser necesariamente cubierto por el consumidor. Tener acceso a la vida no es una cuestión de consumo. La exigencia de un uso responsable de un bien común y fundamental es aún más fuerte que la de un consumidor racional ante un recurso.
La experiencia de los países donde el agua es parte de los servicios de propiedad y de gestión pública, así como la experiencia de los países donde el agua ha sido privatizada, demuestran, no sólo que la privatización no es indispensable, sino también que ésta no es necesariamente una solución eficaz y adecuada. En Francia, donde la privatización lleva más tiempo, cada año son más numerosos los colectivos que tratan de volver al régimen de gestión directa.